martes, 22 de diciembre de 2009

Llévame a navegar


He decidido dormir en el lado izquierdo de la cama, al que odio, el que me hace roncar y a veces repetir tu nombre al revés. A veces soy capaz de inducir mis sueños, ya sabes, pensar, cazar imágenes que me recuerden si hacía frío el día que te aproximaste, si sonaba algo demasiado débil para escucharle, o eran las voces de tus amigos alterados por el porque no salías de la habitación, hacía más de 15 minutos, tu encerrada con la desconocida enmascarada. Para ser honesta, afirmo que no ha funcionado, pero a pesar de todo, aunque no sean fiables los pasos paganos, para dirigirme a ti, debo decir, que he soñado, en ese trecho de oscuridad, donde como siempre autopropulsados por ninfas marinas, sobre las olas, te veo, aunque no me reconozcas, y aunque traía mi barquito con muchas provisiones, me despierto y sigues durmiendo. Y la melancolía que quería soñar con los ojos medio abiertos, con un ojo en tu mundo y otro en el mío. Será en otra oportunidad.

Me he terminado de ver una película con zombies que ordeñaban ovejas y cabras, no vaya a ser, que sueñe con su continuación, me suele pasar, cuando los personajes en su final, caminan con lentitud.

Y me apresuro, comienzo a dispersar los parpados, a desgarrar la realidad, y me vienen a la cabeza, pensamientos como flechas: no se que esperas que haga, eres injusta, no creas que he olvidado, pero dame tiempo.

Tiempo, Oh el tiempo, la furiosa bestia que envidia la sangre de los amantes. Y mi piel sucumbe al frío, me quedo dormida antes de lo normal.

Y los zombies muerden a las ovejas, y las ovejas envenenan a los zombies, en cuya sangre coagulan flores con campanas, y las cabras me enseñan astronomía. Y contemplo a una niña que insiste en salvar a su gato de un globo que le eleva. Y eres tu, y soy yo, nuevamente cerca. Esto no es un sueño, lúcido, así que…Me convences para que abandone mi esqueleto y rescate a tu gato de ojos grises. Y un enjambre de abejas revientan el globito, permiten a tu gato regresar a tus brazos. Nuevamente no llegue a ser el héroe, es que acaso nadie puede engañarte?

Me llamas por otro nombre, y yo tengo un presentimiento, ya vez, eso de que te sabes soñando con alguien, pero no es su cara, no es su voz, ya sé, ya sé, los sueños son insonoros, pero te juro que los míos, han aprendido a entonar, con los ojos llorosos.

Y entonces estamos tu y yo, en la mitad del desierto, apartas la vista, creo que en cualquier momento se desatara la III guerra mundial, dos niñas peleándose por escalar un afilado árbol, y desde el, desde su copa, gritar, gritar, pareciéndonos al trueno, al rugir del mar.

Creo que soy, somos enemigas. Será por aquel gato? No lo sé, solo sé, que tu estas defendiendo tu orilla, y yo la mía. Mencione que aquel árbol, se encuentra en la mitad de un gigante charco?

Y bueno, tu ejecutas la escaramuza para herirme. Es verdad me duele que te entregues a…y yo tras meditar mi acción, golpeo inofensivamente, se produce un eco, a tus oídos les llega: el no soy lo que parezco. Y te resulta fácil, para ti, devolver el golpe, terminas por destruir el cielo estrellado, de mi orilla.

Pero entonces ocurre que a tu mundo también lo alimentaban las estrellas del mío, llámalo casualidad, o exceso de confianza en un gobierno celeste, que no invierte en muchachas sanas y prosperas. Lo suyo es la inversión, en aquellas de lenguas bífidas, y corazones encantados, cuya sangre nunca deja de arder.

Y nos hacemos gigantes, y de repente olvidamos el árbol, y saltamos sobre el charco y nos mojamos, de leche, de vino, y burbujeamos tomadas de la mano. Y y y y

Despierto

Me instalo en aquel puente frente a la escuela, saco la concha nacarada de mi bolsillo, la que me has regalado, y con el oído atento. Te escucho.

Despiertas.

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